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El ruido mediático de Alcalde

¿Y las tómbolas Amá?

La crítica reciente de Morena, encabezada por Luisa María Alcalde, hacia el método de selección de candidaturas del Partido Acción Nacional es ese combustible que da o mantiene la ignición mediática y ruidosa que dicta pautas para la jilgueriza funcional del morenismo.

El señalamiento es acusar de incongruencia del PAN al adoptar encuestas y ocurre en un contexto donde el propio oficialismo ha sido cuestionado por contradicciones entre el discurso y su práctica en diversos y muy amplos ámbitos.

Morena acusa al PAN de incongruencia por adoptar un mecanismo (encuestas) que previamente había criticado.

Pretenden hacer ver a los azules como un grupo de actores que al reaccionar dejan atrás sus postulados y su doctrina.


Peeeero…Morena omite en su argumentación que ha enfrentado cuestionamientos similares y muuuchos, sobre el uso y control de encuestas en sus propios procesos internos. O mejor dicho, simulaciones en espera de la decisión del Tlatoani.


El pseudo debate desplaza el método en sí y se bifurca hacia poner en duda la credibilidad de quien lo utiliza.


Tanto el guinda como el azul, en la práctica, van manejando mecanismos similares de selección, pese a diferencias en su forma de decir las cosas y los casos.

La crítica de Morena al PAN es una operación discursiva selectiva. O como dicen en el rancho, “hagase la voluntad de DIos en los bueyes de mi compadre”.

El golpeteo de la chica del cabello rizado busca establecer esa ventaja narrativa y presentar a la oposición como inconsistente mientras se preserva la legitimidad propia. Miran la paja en el ojo ajeno, pues.

Sin embargo, al analizar el posicionamiento en conjunto con la trayectoria reciente de Morena, brota una asimetría argumentativa, como dirían los tecnócratas.

El partido en el poder ha hecho ver que el uso de encuestas es un ¿eficaz? mecanismo central de decisión, aun cuando estas han sido objeto de críticas por su opacidad o control desde las dirigencias. ¡Qué raro! ¿No?

Al omitir este pequeño detalle, la crítica al PAN pierde esa profundidad institucional y se mira más como un instrumento de competencia política rebasando por mucho a lo que sería un cuestionamiento estructural de “a deveras“.

Morena no necesita sostener una coherencia perfecta para que su crítica sea efectiva; le basta con instalar la idea de que el PAN adopta prácticas ajenas bajo presión electoral.

En un entorno donde los rijosos convergen hacia métodos similares, la bronca deja de ser sobre “qué se hace” y pasa a ser sobre “quién tiene autoridad para hacerlo”. “Yo lo hice primero”.

Al hacerse pato Morena de sus propias contradicciones introduce un riesgo de doble estándar.

En el corto plazo, puede ser funcional como herramienta de contraste político. En el mediano plazo, puede debilitar la credibilidad del señalamiento si la discusión pública se va hacia una revisión más amplia de los procesos internos de todos los partidos.

La crítica permite a los hoy Claudistas y siempre Amlistas, reforzar su perorata narrativa de centralidad política y posicionarse como referente al que incluso sus adversarios terminan imitando. ¡Nos copian! gritan a los cuatro vientos cuatroteístas.

Para el PAN, la acusación abre espacio para contraargumentar señalando inconsistencias del morenismo, lo que sería algo así como el equilibrar la afrenta discursiva.

La controversia detonaría un debate más amplio sobre la transparencia y regulación de las encuestas como mecanismo político. Todos sabemos qué sucede. Hay acordeones verbales. Como diría Eduardo Manzano en la graciosa imitación que hacía de Agustín Barrios Gómez ¿No cree usteeeed?

Morena se arriesga mucho pues le debería (pero se tardan) en exhibirla con sobreexponerla en su doble discurso.

Su mirar la paja en el ojo ajeno erosiona la fuerza de su bravata, especialmente si el PAN logra poner en evidencia esos paralelismos más que claros. Cosa que por lo visto, no tiene tantos especialstas en comunicación política, o si los tienen duremen bajo la zona de confort de una posición política.

Ahora, si el PAN no logra fundamentar de forma precisa ese cambio de postura, solo quedaría consolidando la narrativa de oportunismo político. Sí, ¡copiaron a Morena!

Aunque a final de cuentas todo podría quedar en esas acostumbradas acusaciones cruzadas, sin avanzar hacia mejoras reales en los mecanismos de selección. Estamos en México y ya sabemos por donde corre el agua.

¿Quién gana el match?

Ambos partidos se acusan mutuamente de incongruencia, neutralizando el impacto político del tema.

Así que pues vemos un empate no técnico, sino muy, pero muy real. Se neutraliza el aspaviento y no pasa gran cosa.


Ah, pero si el PAN logra reposicionar el debate exhibiendo las contradicciones de Morena, ¿debilita su ataque verbal a los azules? ¿Lo veremos? Bastaría con inundar las redes con un “Mira quién lo dice”.


A final de cuentas esta discusión sobre métodos internos pierde tracción. Hay asuntos temas de mayor impacto ciudadano, como seguridad o servicios públicos.

La bravata de la del cabello rizado al PAN es buena como herramienta de contraste inmediato, pero muuuy limitada en su alcance estructural al omitir sus propias burradas narrativas.

¡Tanto rollo para que todo se sintetice en un “Mira quién lo dice”.

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