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Cuando se juzga una obra antes de existir

El reciente señalamiento del partido Morena en redes sociales y distintas expresiones de sus militantes y simpatizantes sobre el dren de Peñuelas, en Querétaro, es una muestra más que clara y hasta cínicamente mentirosa de cómo estos actores políticos y militantes intentan instalar narrativas sin sustento completo. 

Afirmar que una obra pública “no funciona” cuando aún no ha sido terminada  es una forma vil y ruin de desinformación.

Hay una diferencia fundamental entre exigir cuentas, lo cual es legítimo y necesario,  y construir una narrativa que busca generar indignación a partir de una premisa incompleta. 

El dren de Peñuelas, con un costo reportado de 210 millones de pesos, ciertamente debe ser objeto de escrutinio público. 

Nadie discute que el uso de recursos públicos exige transparencia, eficiencia y resultados. 

Pero evaluar su funcionamiento antes de su conclusión es, en el mejor de los casos, irresponsable; en el peor, deliberadamente engañoso.

Las obras hidráulicas, particularmente las relacionadas con drenaje pluvial, no pueden medirse a medias. 

Su eficacia se comprueba cuando están completamente operativas y sometidas a las condiciones para las que fueron diseñadas, como lluvias intensas o contingencias específicas. 

Pretender lo contrario es ignorar lo básico o, peor aún, apostar a que la ciudadanía no lo sepa.

El problema de fondo no es la crítica, sino el momento y la intención. 

Adelantar un veredicto negativo busca instalar una percepción antes de que exista evidencia. 

Es sembrar desconfianza sin esperar resultados. Es, en términos simples, manipular la conversación pública.

Esto no exonera a ninguna autoridad. La obra deberá rendir cuentas cuando esté terminada.

Se deberá revisar si el costo fue justificado, si hubo retrasos, si la ejecución fue adecuada y, sobre todo, si cumple con su propósito.

Pero ese juicio debe hacerse con datos completos, no con anticipaciones advenedizas e interesadas.

La crítica es indispensable. Pero también lo es la responsabilidad al ejercerla. Decir que algo no funciona antes de que exista plenamente no es fiscalizar: es distorsionar.

La verdad no debe construirse con prisas. Debe construirse con hechos.

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